lunes, 25 de abril de 2016

400 años de la muerte de Cervantes y Shakespeare: la vida de las palabras

Un refrán dice que una imagen vale más que mil palabras. Tal vez sea cierto en algunos casos, pero también es cierto que a veces una palabra vale más que una vida. Las palabras tienen poder, tanto que pueden construir un mundo, una pareja, una relación, pueden construir el amor, y también destruirlo…

Dos hombres supieron esto con claridad hace bastantes años. Hoy conmemoramos su obra, la inmortalidad de sus palabras. William Shakespeare y Miguel de Cervantes, los más grandes escritores hasta hoy en lengua inglesa y española, nos dejaron obras que parecen más poderosas que el tiempo. Un personaje de Shakespeare, hace muchos años estuvo enfrentado a las más terribles dudas, como nosotros, ahora, hoy, y se dijo algo que aún se repite: ¿Ser, o no ser? Esa es la cuestión. Shakespeare imaginó y creó una pareja de amantes que se hacen cada vez más fuertes cuando son recordados por alguien. Casi todos en el planeta tenemos alguna idea de quiénes fueron Romeo y Julieta. Lo curioso es que Romeo y Julieta sólo eran palabras en un papel.

Cervantes imaginó un hombre quizá parecido a él mismo, un hombre que disfrutaba leer novelas en las que habían guerreros que ayudaban a los débiles y a las mujeres en problemas, que eran respetados y que respetaban, hombres caballerosos, hombres de armaduras y espadas y que andaban en caballos fuertes. Ese hombre que imaginó Cervantes, un buen día, se dio cuenta de que ya la muerte estaba cerca, así que decidió hacer lo que siempre quiso, lo que toda su vida había leído en la comodidad de su casa.

Y decidió llamarse Don Quijote de la Mancha. Y decidió amar profunda y dolorosamente a Dulcinea del Toboso. Y decidió que su caballo, flaco como la sombra de un caballo flaco, se llamaría Rocinante, el primer y más importante caballo de la historia. Y decidió que tendría compañía, convenció a su vecino Sancho Panza de ir a buscar aventuras, de ir a hacer que el mundo fuera un lugar mejor, un lugar más bello.

De ese hombre, de Don Quijote de la Mancha, se dice que enloqueció, que olvidó que en realidad se llamaba Alonso Quijada, que la mujer que amaba era una vecina pobre y fea, como él. Que su vecino era un gordo pobre y feo, además ignorante, que su caballo era viejo y muy flaco, que en realidad él era un viejo loco.

Pero 400 años después en todo el mundo la gente sigue leyendo la historia bellísima de un hombre que se atrevió a hacer lo que todos deseamos en algún lugar del corazón, y no nos atrevemos: salió a tomar el mundo tal como es, con su belleza y su injusticia, para hacerlo un lugar mejor, un lugar en el que todos pudiéramos vivir. El tiempo parece demostrar que lo logró: él mismo, Don Quijote de la Mancha, nos demuestra con su existencia de más 400 años que las palabras son el mundo.  



* Celebración Día del Idioma, 2016. 
I. E. La Popa: Daniel Moreno L.

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