La
felicidad, como cualquier otra palabra, tiene uno o varios significados.
Algunos diccionarios la definen como una emoción, otros como un estado de
ánimo, producto de la satisfacción causada por poseer algo o haber alcanzado
una meta. Lo que impide que se logre la felicidad es una o varias dificultades,
obstáculos que hombres y mujeres, miembros de una sociedad, deben sortear.
Ya
sea mera casualidad o por designios divinos, días anteriores a la asignación de
este trabajo, el de escribir un artículo referente a la felicidad y a la
dificultad como conceptos fundamentales de la sociedad de la información, leí
un libro y tiempo después observé una película que tratan precisamente como
alcanzar una mientras se evitan o solucionaban
las otras.
En
el libro, el protagonista fracasó, no fue feliz al final; mientras que en la
película si, el tipo obtuvo lo que deseo, aunque no fue fácil, de hecho, el
discurso del doctor Zuleta, “Elogío a la dificultad” pareciera que fue el guion. Don Simeón
Torrente ha dejado…de deber de Álvaro Salom Becerra, aunque fue publicado
por primera vez hace más de 45 años, su temática no ha perdido actualidad: la
búsqueda de la felicidad de un hombre a través de la consecución de dinero para
cancelar sus obligaciones económicas y poder vivir decentemente. Algo muy
parecido con En busca de la felicidad protagonizada
por Willy Smith, donde Chris Gardner, el personaje principal, pasa las duras y
las maduras, para obtener dinero para sobrevivir con su pequeño hijo, mientras
lucha por una vacante de corredor de bolsa.
Ambas
manifestaciones artísticas parecieran dar la idea que el dinero es más que un medio para lograr la
felicidad en esta sociedad. Es el fin en sí mismo, ambrosía que calma hambre y
sed, poción mágica que soluciona casi todo, que allana todas las dificultades
materiales que se interpongan en el camino.
Es
fácil, muy fácil afirmar, que el dinero es la llave que abre las jaulas, las
dificultades, que encierra la felicidad,
por no decir que uno es lo mismo que lo
otro. Sin embargo no es así, pues frecuentemente vemos personas que en
apariencia tienen todo como fama, belleza, salud, dinero, pero le es
insuficiente para ellas, viviendo infelices y en no raros casos, deciden acabar con su
existencia. La felicidad es brindada entonces por algo más que por los objetos
materiales y el reconocimiento. Sentimientos, como el amor correspondido, puede
llenar ese vacío de alegría, incluso coparlo totalmente, bueno casi, pues como
tanto como recordamos que “no solo de pan vive el hombre” también nuestro estómago
y nuestra piel nos traen a la memoria que solo de ideales y sentimientos no nos
alimentamos y cubrimos.
Todas
las civilizaciones en el transcurso de la historia han sido sociedades y
culturas de la información. Lo que hace que la actual sea especial, es
básicamente por dos razones: la primera, porque es
en la que vivimos y se nos hace muy difícil imaginarnos como las
personas de siglos pasados pudieron sobrellevar la vida sin lo que tenemos hoy
en día. En segundo lugar, porque la humanidad ha avanzado demográfica,
tecnológica y científicamente en los últimos setenta años más proporcionalmente
que en siglos. Cuando nació Cristo,
habitaban el planeta 250 millones de personas, al término de la Segunda Guerra
Mundial, eran 2.500 millones de habitantes. Hoy pasamos de 7.000 millones de
seres humanos. Como vemos nos tomó siete décadas en triplicar una cifra que
nuestros antepasados le costó veinte siglos en alcanzar. ¿Qué lo ha hecho
posible? El conocimiento que hemos acumulado y logrado, poniéndolo a nuestro
servicio. En la época del imperio romano, a los veintiocho años ya una persona
era considerada anciana. En la Edad Media, la esperanza de vida era de treinta
años. A inicios de la Revolución Industrial, el promedio ya superaba los
cuarenta años. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, la expectativa era de
sesenta y cinco años. Hoy en día por los grandes avances en higiene y en salud, el promedio es de setenta
años, incluso algunos países ronda los ochenta. ¿Pero cuántas son realmente
felices?
Evidentemente
se ha avanzado mucho, tanto que ya han se han establecido leyes y normas para
poder asimilar los alcances tecnológicos. Por algo, en promedio, cada dieciocho
meses, las grandes compañías como Samsung o Apple, hacen lanzamientos de nuevos
productos. Están en capacidad de hacerlo en menos tiempo, pero el público en
general debe adaptarse y poder hace uso de unas tecnologías antes de conocer y
adaptarse a otras.
En
cierta medida esto ha hecho que los paradigmas de felicidad y dificultad
cambien. Cuando yo era niño, un carrito de madera para navidad me hacía feliz.
Al crecer, ya era una muda de ropa nueva lo que me alegraba diciembre. En estos
últimos años he visto como rapaces de incluso de tres años ya esperan que el
Niño Dios le traiga una tablet con una buena memoria interna, pues la que tiene
el papá o la mamá en la casa es muy “lenta”, desesperándose porque sus juegos
no “cargan” velozmente.
No
cabe duda que gran parte de las invenciones y avances de la humanidad han sido
inspirados para su beneficio, siendo en última
instancia para hacerla más feliz. En este mundo digital casi todo es posible,
incluso encontrar la media naranja ideal sentado al frente de un computador,
como trabajar o hacer dinero sin moverse de la silla de su escritorio en casa.
Pero no todo es color de rosa, pues de la misma manera que tenemos tantas
facilidades para lograr una vida más cómoda, también existen dificultades que
hace que no sea tan ideal. Muchos de nosotros preferimos evadirlas más que
afrontarlas, olvidando esa premisa de los abuelos, que en ocasiones se logra más
en el camino mismo que alcanzando el destino. Si los medios tecnológicos e informáticos
están para hacernos las cosas más fáciles mas también han hecho que las
personas en cierta manera, confundamos no contar con
algunas comodidades es pasar por serias dificultades. Algunos nos
angustiamos por no recibir un “me gusta” en una publicación más que por
preocuparnos por no tener con que pagar el almuerzo del día.
BIBLIOGRAFÍA
SALOM
B, ÁLVARO. Don Simeón Torrente ha
dejado…de deber. (1975). Novena edición. Tercer Mundo. Bogotá.
SMITH
W. (productor), MUCCINO G. (director). (2006). En busca de la Felicidad. [Cinta cinematográfica]. Estados Unidos:
Columbia Pictures.
ZULETA
ESTANISLAO. Ensayos Selectos. Ediciones Autores Antioqueños. Medellín 1992.
Volumen 76: 9-16.
WIKIPEDIA.
Esperanza de vida. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Esperanza_de_vida
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