jueves, 7 de abril de 2016

LA CONSUMISTA FELICIDAD CONTEMPORANEA




           
LA CONSUMISTA FELICIDAD CONTEMPORANEA

     El consumo de experiencia ha modificado la manera en que los consumidores nos relacionamos con las grandes multinacionales y la red de distribuidores de sus productos. La publicidad nos agobia incesantemente, prometiendo que el producto, articulo, bien o servicio que adquirimos, a parte de la necesidad primaria que nos va a satisfacer, nos provee de beneficios intangibles y hasta emocionales. Como en el caso de la famosa bebida gaseosa oscura y burbujeante, que nos invita a adquirir la felicidad envasada dentro de una botella; otro claro ejemplo es el desodorante en aerosol para hombres perfumado, que asegura transformarnos en hombres absolutamente irresistibles a cualquier mujer. Al punto que me dirijo es que toda esta publicidad, busca convencernos de que consumiendo sus maravillosos productos, podemos alcanzar la anhelada felicidad, una prefabricada felicidad.

     El reality show, como propuesta innovadora de la televisión, creada hace más de una década, irrumpe fascinando y rompiendo los esquemas tradicionales de la producción de programas televisivos. Este formato novedoso, producirá efectos de notable influencia en la sociedad mundial, ofreciendo la posibilidad de fama, para cualquier Juan Pérez, Pepita Jiménez o como dirían los jóvenes ahora cualquier persona X. De la mano de esta novedad, en la cual las situaciones mostradas generalmente no tienen ninguna conexión o reflejen la realidad que vivimos cotidianamente, la masificación del uso del Facebook y otras redes sociales. Paulatinamente motivaron a las personas a mostrar situaciones de carácter personal, emocional y hasta de su intimidad sexual, se hizo una generalidad hedonista, mostrar cada vez más de aquello que antes era reservado, hacernos estrellas de esta tragicomedia satírica existencial del mundo actual.

     La banalidad, el narcicismo y el ego endiosado de nuestro superyó nos desinhiben, proporcionalmente cada vez más, convirtiéndonos en caricaturas, en personajes vacíos y acartonados, que constantemente buscan la aprobación de otros seres similares, los valores se van diluyendo corroyéndose en esta acido contaminante, donde nos evadimos y lo que es la sociedad actual, se me parece bastante a lo que nos muestra la trilogía de la película Matrix en la que aparentemente todo es pulcro, estéticamente agradable, la mayoría de mentes manipuladas y manejadas se sienten felices, pero en realidad todo es lúgubre, sucio, miserable. El individuo autómata insensible, que a diario debe comprar, llenarse de una serie de cosas innecesarias que le brindan una supuesta alegría, compulsivamente adquiere lo que la sociedad de consumo le impone, además de que le brinda toda la capacidad para endeudarse y así, continuar este ciclo sinsentido, donde su templo sacro es el centro comercial, lugar donde asiste habitualmente como su prójimo consumidor.

     La dificultad dentro del marco de esta sociedad, para muchos no es un valor o una prueba necesaria para la formación como ser humano, a pesar de que la revolución tecnológica generada por la evolución del internet y la web lo que pretende si es hacerle más sencilla su vida, no busca suprimir las dificultades que debemos superar en los distintos ámbitos de nuestra existencia, pero para una gran mayoría y sobre todo las generaciones más recientes, los nativos digitales las computadoras, tabletas y otros artilugios terminan por suplir tareas de sus cerebros como memorizar; reflexionar; calcular y crear, lo que inevitablemente hace que surja la pereza mental y otra serie de enfermedades del aprendizaje, también de tipo emocional haciendo de lo superfluo una generalidad.

     Afortunadamente existimos muchas personas, que nos capacitamos en la virtualidad, que navegamos en la red buscando encontrar y sumar nuevos conocimientos que nos permitan superarnos, hacernos críticos dejar la mediocridad, encontrar respuesta a una serie de interrogantes de distinto tipo, que palpitan en nuestro pensamiento. El esfuerzo constante, superar limitaciones y barreras hace de esta maravillosa invención una grandiosa oportunidad, para relacionarnos con otros seres en busca de un futuro donde el bienestar general sea una meta realizable para la sociedad de la aldea global. En cada uno de nosotros esta la semilla para compartir y modificar esta absurdidad que nos conduce hacia la destrucción de la madre natura y obviamente la de nosotros sus hijos, la ingrata torpe humanidad.

     Debe ser reconstruida la célula fundamental del tejido de la sociedad que es la familia, que ha sido negativamente afectada y desintegrada por la negativa influencia del híper-consumismo, los antivalores y la ligereza ética  que afecta enfermando las comunidades, haciendo que los hogares sean celdas donde cada miembro esta envilecido por sus aparatejos de última tecnología, suprimiendo el dialogo las muestras de afecto que todos necesitamos para desarrollarnos óptimamente, familias abocadas al fracaso y ocasionalmente la tragedia, porque la vida de cada uno es un misterio para el otro y lo más grave sin importancia, donde el descuido de muchos padres hace que sus hijos sean alcanzados por el flagelo de la drogadicción, una inadecuada y precoz vida sexual que origina embarazos en adolescentes y enfermedades de transmisión sexual, violencia que observamos en los barristas de equipos de futbol, pandillas y organizaciones criminales que se aprovechan y mancillan su inocencia.

     La felicidad ha de recuperar su real sentido, de la mano del esfuerzo por superar las dificultades adecuadamente, la reflexión ha de ser la luz que nos guie desarrollando en cada uno de nosotros un sentido crítico, siendo conscientes de la penosa realidad actual, no se trata de un pesimismo injustificado pero la humanidad va por un desenfrenado camino al nihilismo total y por ende su destrucción, tenemos la oportunidad de hacer algo por nuestro hogar que es el mundo que habitamos con nuestros miles de millones de hermanos de especie. La indiferencia, el egoísmo y el conformismo atentan contra la empatía y la solidaridad que han permitido a nuestra especie evolucionar exitosamente sobrevivir enfrentando las dificultades juntos.

     La consumista felicidad contemporánea, no es la verdadera es una farsante e ilegítima, nuestra obligación es reconfigurarla, moldearla con trabajo; sacrificio y desinterés desmaterializarla para humanizarla, que la esperanza no fallezca!.

Bibliografía
Lipovetsky, G. (2007). La felicidad paradójica. Barcelona: Anagrama.


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