LA CONSUMISTA FELICIDAD CONTEMPORANEA
El consumo de experiencia ha modificado la
manera en que los consumidores nos relacionamos con las grandes multinacionales
y la red de distribuidores de sus productos. La publicidad nos agobia
incesantemente, prometiendo que el producto, articulo, bien o servicio que
adquirimos, a parte de la necesidad primaria que nos va a satisfacer, nos
provee de beneficios intangibles y hasta emocionales. Como en el caso de la
famosa bebida gaseosa oscura y burbujeante, que nos invita a adquirir la
felicidad envasada dentro de una botella; otro claro ejemplo es el desodorante
en aerosol para hombres perfumado, que asegura transformarnos en hombres
absolutamente irresistibles a cualquier mujer. Al punto que me dirijo es que
toda esta publicidad, busca convencernos de que consumiendo sus maravillosos
productos, podemos alcanzar la anhelada felicidad, una prefabricada felicidad.
El reality show, como propuesta innovadora
de la televisión, creada hace más de una década, irrumpe fascinando y rompiendo
los esquemas tradicionales de la producción de programas televisivos. Este
formato novedoso, producirá efectos de notable influencia en la sociedad
mundial, ofreciendo la posibilidad de fama, para cualquier Juan Pérez, Pepita
Jiménez o como dirían los jóvenes ahora cualquier persona X. De la mano de esta
novedad, en la cual las situaciones mostradas generalmente no tienen ninguna
conexión o reflejen la realidad que vivimos cotidianamente, la masificación del
uso del Facebook y otras redes sociales. Paulatinamente motivaron a las
personas a mostrar situaciones de carácter personal, emocional y hasta de su
intimidad sexual, se hizo una generalidad hedonista, mostrar cada vez más de
aquello que antes era reservado, hacernos estrellas de esta tragicomedia
satírica existencial del mundo actual.
La banalidad, el narcicismo y el ego
endiosado de nuestro superyó nos desinhiben, proporcionalmente cada vez más,
convirtiéndonos en caricaturas, en personajes vacíos y acartonados, que
constantemente buscan la aprobación de otros seres similares, los valores se
van diluyendo corroyéndose en esta acido contaminante, donde nos evadimos y lo
que es la sociedad actual, se me parece bastante a lo que nos muestra la
trilogía de la película Matrix en la que aparentemente todo es pulcro,
estéticamente agradable, la mayoría de mentes manipuladas y manejadas se
sienten felices, pero en realidad todo es lúgubre, sucio, miserable. El individuo
autómata insensible, que a diario debe comprar, llenarse de una serie de cosas
innecesarias que le brindan una supuesta alegría, compulsivamente adquiere lo
que la sociedad de consumo le impone, además de que le brinda toda la capacidad
para endeudarse y así, continuar este ciclo sinsentido, donde su templo sacro
es el centro comercial, lugar donde asiste habitualmente como su prójimo
consumidor.
La dificultad dentro del marco de esta
sociedad, para muchos no es un valor o una prueba necesaria para la formación
como ser humano, a pesar de que la revolución tecnológica generada por la
evolución del internet y la web lo que pretende si es hacerle más sencilla su
vida, no busca suprimir las dificultades que debemos superar en los distintos
ámbitos de nuestra existencia, pero para una gran mayoría y sobre todo las
generaciones más recientes, los nativos digitales las computadoras, tabletas y
otros artilugios terminan por suplir tareas de sus cerebros como memorizar;
reflexionar; calcular y crear, lo que inevitablemente hace que surja la pereza
mental y otra serie de enfermedades del aprendizaje, también de tipo emocional
haciendo de lo superfluo una generalidad.
Afortunadamente existimos muchas personas,
que nos capacitamos en la virtualidad, que navegamos en la red buscando
encontrar y sumar nuevos conocimientos que nos permitan superarnos, hacernos
críticos dejar la mediocridad, encontrar respuesta a una serie de interrogantes
de distinto tipo, que palpitan en nuestro pensamiento. El esfuerzo constante,
superar limitaciones y barreras hace de esta maravillosa invención una
grandiosa oportunidad, para relacionarnos con otros seres en busca de un futuro
donde el bienestar general sea una meta realizable para la sociedad de la aldea
global. En cada uno de nosotros esta la semilla para compartir y modificar esta
absurdidad que nos conduce hacia la destrucción de la madre natura y obviamente
la de nosotros sus hijos, la ingrata torpe humanidad.
Debe ser reconstruida la célula
fundamental del tejido de la sociedad que es la familia, que ha sido
negativamente afectada y desintegrada por la negativa influencia del
híper-consumismo, los antivalores y la ligereza ética que afecta enfermando las comunidades,
haciendo que los hogares sean celdas donde cada miembro esta envilecido por sus
aparatejos de última tecnología, suprimiendo el dialogo las muestras de afecto
que todos necesitamos para desarrollarnos óptimamente, familias abocadas al
fracaso y ocasionalmente la tragedia, porque la vida de cada uno es un misterio
para el otro y lo más grave sin importancia, donde el descuido de muchos padres
hace que sus hijos sean alcanzados por el flagelo de la drogadicción, una
inadecuada y precoz vida sexual que origina embarazos en adolescentes y
enfermedades de transmisión sexual, violencia que observamos en los barristas
de equipos de futbol, pandillas y organizaciones criminales que se aprovechan y
mancillan su inocencia.
La felicidad ha de recuperar su real
sentido, de la mano del esfuerzo por superar las dificultades adecuadamente, la
reflexión ha de ser la luz que nos guie desarrollando en cada uno de nosotros
un sentido crítico, siendo conscientes de la penosa realidad actual, no se
trata de un pesimismo injustificado pero la humanidad va por un desenfrenado camino
al nihilismo total y por ende su destrucción, tenemos la oportunidad de hacer algo
por nuestro hogar que es el mundo que habitamos con nuestros miles de millones de
hermanos de especie. La indiferencia, el egoísmo y el conformismo atentan contra
la empatía y la solidaridad que han permitido a nuestra especie evolucionar exitosamente
sobrevivir enfrentando las dificultades juntos.
La consumista felicidad contemporánea, no es la
verdadera es una farsante e ilegítima, nuestra obligación es reconfigurarla, moldearla
con trabajo; sacrificio y desinterés desmaterializarla para humanizarla, que la
esperanza no fallezca!.
Bibliografía
Lipovetsky, G. (2007). La felicidad paradójica. Barcelona:
Anagrama.
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